Relatos, sombras y otros delirios

"Si miro atrás, estoy perdida." Daenerys Targaryen

sábado, 4 de abril de 2015

El cronista eterno

Los dos primeros siglos fueron los peores. No hubo día que no estuviera convencido de que no terminaría loco.

Los primeros años, el polvo radiactivo me dejaba débil y me costaba salir. No se me tardó en acabar la tinta. Cuando pude volver a salir, el aire olía raro y no quedaba rastro de ningún ser vivo más allá de lo que en su día fueron cadáveres. Toda mi vida había sabido que este día llegaría, pero finalmente había sucedido. Estaba solo.

A lo largo de los milenios, había intentado recluirme tanto como podía. Conocía mi destino, y las pérdidas siempre son dolorosas. Estaba condenado a ser siempre yo quien perdiera a los demás, nunca los demás a mí. Con el tiempo, decidí dedicar mi vida a aprender idiomas y ser un cronista, pero con todo, de vez en cuando se agradecía el contacto humano, por espontáneo que fuera.

Al terminar la guerra, los pocos generadores de electricidad fueron apagándose lentamente. Tocó volver al pasado. Afortunadamente, mi condición mi libraba del peso de la comida, lo que me previno de la inanición.

Sin embargo, con la principal fuente de energía que habían explotado los humanos el último pestañeo de su existencia, desapareció internet. A lo largo de la guerra pude saber poco más que rumores sobre lo que sucedía. Fue entonces cuando comprendí lo que esta creación había facilitado mi trabajo.

Con la humanidad fuera de juego, y sus obras, desaparecidas, rápidamente consumí mis suministros de tinta y papel, pese a lo poco que tenía que decir. Yo, que no necesitaba ni dormir ni comer, que renegaba de las personas por miedo al dolor que les ocasionaría y me ocasionaría, me había encontrado con que mi labor ya no valía de nada.

Desde el día de mi nacimiento había ido datando de todo lo que le iba sucediendo a la humanidad. Primero, en mi poblado y sus vecinos. Más tarde, en mi ciudad y sus circundantes. Con el tiempo, en mi nación y sus aliadas. Finalmente, con el mundo y sus descubrimientos.

La frustración de saber que lo único a lo que has dedicado tu vida ya no sólo no vale para nada, sino que tampoco puede ser continuado es inexplicable para quien no lo haya sufrido. Y cuando es lo único que te queda, convierte en una tarea casi imposible mantenerse cuerdo.

Hoy sufro cada día que miro la ingente cantidad de libros a los que di forma, sabiendo que en el momento en el que los toque, se desmoronarán en polvo.

Supongo que este es el fin. Supongo que el mundo ya no necesita un cronista eterno.

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