Relatos, sombras y otros delirios

"Si miro atrás, estoy perdida." Daenerys Targaryen

domingo, 8 de febrero de 2015

El guardián imperturbable

Después de días y días de caminata sin descanso, de semanas y semanas sin sueños tranquilos, por fin había llegado. Frente a mí se hallaba el Mausoleo de los Magnos. Por fin podría encontrar respuestas a todas aquellas preguntas que siempre había querido, desde las más estúpidas y banales hasta las más trascendentales e inquietantes.

Ante mí, coronando el pico de la Montaña del Fin del Mundo podía contemplar un edifico construida en la roca con una fachada pétrea que mostraba los Cuatro Grandes Reyes del pasado y una puerta de tamaño algo más humilde en la mitad de estos.

Frente a la entrada, una enorme figura permanecía inamovible e imperturbable. Aquel ser había resistido contra las adversidades del clima y el desmoronamiento del tiempo. Algunos decían que era anterior incluso al mismísimo universo, aunque la mayoría sabíamos que aquello era imposible.

Cuando comencé a acercarme, no se movió, y sin embargo, detecté en él cierta hostilidad. No sabría muy bien cómo explicarlo, pero supe desde ese mismo momento que no me dejaría entrar.

Al llegar a su lado, noté que no parecía animado. De hecho, parecía más una estatua o una escultura que cualquier raza o especie de un ser vivo. Y sin embargo, no me dejó pasar. Lo intenté. Luché con todas mis fuerzas por alcanzar la puerta, pero no me dejaba. Era imposible superarlo en combate, pese a que no se había movido ni un milímetro. Seguí intentándolo. Sin cesar. Con todo mi empeño. Pero no logré nada. Nada, excepto caer rendido por el agotamiento.

Acampé allí durante dos meses, sin más comida que las ratas de campo que robaba en los nidos de las águilas y que nunca conseguía averiguar de dónde sacaban. Tampoco comprendí por qué llevaban alimento a los nidos vacíos, pero afortunadamente, aquello me mantuvo vivo. En ni un solo momento el guardián se movió, pero tampoco hubo un solo momento en el que me dejara pasar.

Quiero que sepas, hijo mío, que en muchas ocasiones a lo largo de tu vida oirás historias. Historias que dirán que después de todas las penurias del largo viaje, llegar al Mausoleo de los Magnos será recompensado. Pero aquello sólo será la parte más sencilla del viaje. La verdadera prueba vendrá después. Son muchos los que han conseguido llegar a las puertas, pero aún no se conoce a nadie que haya logrado entrar. Mi último consejo en esta vida es que no pierdas el tiempo con cuentos y leyendas. La vida es esto que tienes, y nos guste o no, aquello sólo representa una ilusión inalzancable.