Relatos, sombras y otros delirios

"Si miro atrás, estoy perdida." Daenerys Targaryen

domingo, 10 de noviembre de 2013

Bienvenidos a mi morada

Abrí los ojos, como si acabase de despertar de un sueño. No tenía muy claro lo que había pasado: mis recuerdos estaban difusos y todo parecía muy lejano. ¿Estaba muerto? No estaba seguro. ¿Estaba vivo? La palabra vida sonaba ya como algo demasiado distante para mí.

Miré a mi alrededor. Miles de seres grisáceos semitranslúcidos y de pose curvada me rodeaban, dirigiéndose todos a una especie de pináculo lejano en el horizonte. Poco después, desvié mi vista hacia mi mismo para comprobar que eran mis iguales, pero lejos de sorprenderme, me pareció poco más que una obviedad.

Todos y cada uno de nosotros seguíamos una marcha lenta, pero inexorable. Quizá, porque aunque a todos nos fascinaba aquella construcción -tal vez natural, tal vez artificial-, en el fondo, ninguno quería realmente ir. Aunque al fin y al cabo, ¿quién sabía si allí no nos esperaba nada más que algo mejor para nosotros?

El camino no tenía demasiados obstáculos, salvo el propio suelo. No había un camino definido como tal, sino tan solo una gigantesca explanada enlodazada llena de algo similar a huellas, aunque más que pisadas denotaban una especie de rastro uniforme, como quien es incapaz de levantarse del suelo. No estaba seguro, y algo -quizá el miedo, quizá la pena- me impedía volver la vista atrás, pero apostaría porque nosotros dejábamos el mismo sendero que seguíamos para aquellos que más tarde o más temprano recorrieran la misma ruta.

Durante la larga marcha, fueron muchas las preguntas que llegaron a mi cabeza. Todos los que estábamos aquí parecíamos figuras derrotadas en una vida diferente a esta, ¿seríamos quizá aquellos cuyos triunfos no habían existido más que en nuestros anhelos? ¿O tal vez los fantasmas de una sociedad marchita, que repudiándola habían acabado aún más marchitos que aquello a lo que siempre se habían opuesto? ¿De qué vale el esfuerzo, si el triunfo lo determina la suerte? Algo en mi interior me decía que al final, tenían razón: un solo hombre es incapaz de detener el flujo de las mareas.

Poco a foco, fuimos acortando el terreno, y aquella estructura que previamente había pertenecido a un horizonte lejano se erguía ante mis ojos como la más hermosa a la par que triste construcción que nunca había conocido. Inmediatamente delante de nosotros, se abría una puerta de estilo arquitectónico desconocido. En medio de esta, una figura alta y erguida, de porte noble y orgullosa con una sombra de tristeza en la mirada nos contemplaba.

-Bienvenidos a mi morada, el palacio de los sueños rotos. Aquí, queridos desgraciados míos, tendréis una nueva oportunidad para lograr por fin todo aquello que siempre quisisteis y nunca conseguisteis.

Inmediatamente, sin saber por qué, no pude evitar sentirme mejor.