Relatos, sombras y otros delirios

"Si miro atrás, estoy perdida." Daenerys Targaryen

domingo, 2 de junio de 2013

Rey en el palacio de la soledad

El cielo comenzaba a tornarse escarlata con anaranjadas nubes tiñéndolo de diferentes matices variando del más cálido naranja ígneo al más tétrico rojo carmesí. En el horizonte, nacía un camino, el cual bifurcaba los morados campos de césped de los cuales los pastores retiraban a sus ovejas una noche más. El camino conducía a un foso en el cual el agua se había secado tiempo atrás y cuyo puente llevaba años sin arriarse; en parte por la falta de necesidad, en parte por el óxido de las cadenas. Al otro lado del puente, un gran patio de armas estaba introducido en un gigantesco castillo con aires a palacio. En una pared del edificio, se percibe un sencillo pero deslumbrante balcón que asoma al camino de dirección al castillo.

Todas las tardes a la misma hora, un hombre se asomaba al balcón. Él era un príncipe, un rey, pero no uno cualquiera: era el príncipe del castillo en la calma, el rey en el palacio de la soledad. Su reino alcanzaba desde las solitarias Colinas Olvidadas hasta el tranquilo Río del Retiro. Sus únicos amigos eran el viento y los pájaros: sus únicos siervos, las piedras y los libros. Pero aquel atardecer en concreto estaba confuso. Algo había irrumpido en su relajada de tranquilidad y soledad, algo como un huracán que había descolocado su vida.

Un par de pájaros, de esos que le visitaban cada tarde se posaron a su izquierda y su derecha antes de volver a sus nidos por el anochecer. El rey tenía las manos apoyadas sobre el balcón y su cuerpo apoyado sobre las manos. Los ojos cerrados, una imagen turbadora en su mente. Agitaba la cabeza, pero ahí seguía. Su presencia en su vida cada vez era mayor, porque Ella estaba cambiando su vida.

Hasta aquel entonces, la vida del rey en su palacio siempre había sido sosegada, y el señor había sido feliz así. Nunca había conocido el afecto hacia las personas y nunca lo había añorado, pero cuando Ella entró en escena, todo cambió. De repente, comenzó a levantarse al despuntar el sol y no se dormía hasta que el último búho con noticias sobre Ella venía a mitad de noche cerrada. Los manjares comenzaban a saberle insípidos en la boca, y las riquezas con las que un campesino viviría mejor que de lujo, cada vez le llenaban menos.

Pero una noche, las lechuzas se perdieron. El rey esperaba con ansiedad, pero sólo en viento acudía en su compañía. Aquella noche, no durmió. A la mañana siguiente, estaba atemorizado, pero supuso que no sería más que un problema con el transporte. Y sin embargo, el suceso se repitió. Y así durante otras dos noches antes de que un mensajero llegara a su puerta.

Aquellas palabras afectaron terriblemente al monarca. Le dijo que se olvidara de ella, que pertenecían a mundos diferentes a pesar de sus similitudes. El soberano maldijo su destino. En el fondo, siempre supo que aquello era cierto, pero no por ello quiso aceptarlo. Se encerró en si mismo más de lo que antes lo estuvo y nadie nunca lo volvió a ver asomado siquiera.

***

Pasado el tiempo y enfriados los sentimientos, el rey retomó más o menos su antigua rutina. Muy circunstancialmente, se le comenzó a ver, pero continuó encerrado en un castillo, señalado con un letrero ahora a la puerta:

Bienvenidos al palacio de la soledad,
morada del soberano del anhelo.

3 comentarios:

  1. Alguien ha caído en las garras del amooor.
    Parece que el amor te ha agarrado con fuerza, ¿me equivoco?
    Creo que a tus lectores nos gustaría saberlo y tu opinión sobre el amor y uhm... tal vez lo que harías para conseguir a la persona que amas.

    Saludos.

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  2. Escribes genial de verdad, espero tu próxima entrada. Te sigo, pásate por mi blog. Un besito :)

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  3. Me encanta este relato. Sin más. Tenía que decirlo.

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