Relatos, sombras y otros delirios

"Si miro atrás, estoy perdida." Daenerys Targaryen

domingo, 5 de agosto de 2012

Club "Apadrina un Blog"

Bueno, pues hago esta entrada para hablaros de una iniciativa que personalmente me parece muy buena para ayudar a crecer pequeños blogs de gente a la que le hace ilusión recibir algún comentario dando ánimos a seguir o con alguna crítica (que al fin y al cabo, nunca está de más). La iniciativa se llama Club "Apadrina un Blog" y podéis leer más detalladamente en qué consiste aquí: http://detrasdelibro.blogspot.com.es/2012/05/club-apadrina-un-blog.html

La iniciativa es de un par de blogs llamados Detrás del libro y Leyendo entre letras

Y aquí tenéis el banner:



Y básicamente, esto es. Espero que conocerlo os sirva.

miércoles, 1 de agosto de 2012

La oveja negra

Aquel rebaño siempre fue un rebaño afortunado: tenía la suerte de que su pastor les quería más que el resto de pastores y un día éste decidió empezar a contarles una historia cada día. Sin embargo, las historias eran siempre del mismo tipo: hablaban de injusticias y rebeliones, de opresores y oprimidos, y de justicias tras las revoluciones. Algunas ovejas se aburrían y se alejaban del pastor cuando anochecía. A éste le daba igual mientras no se alejasen demasiado. Empero la mayoría se quedaba y disfrutaba.

Pasó el tiempo, y con tantas historias de revoluciones, algunas ovejas comenzaron a pensar en si no estarían ellas oprimidas como la gente de sus cuentos. Algunas decidieron que sí, y hablaron de montar una sublevación contra su déspota. Sin embargo, lo que sucedió fue eso: hablaron.

Había también en el rebaño una oveja que era distinta a las demás. Todas las ovejas tenía una característica en común: su lana era blanca. La de aquella oveja, no: la de aquella oveja era negra. La oveja no tenía problemas, pues sus compañeras eran simpáticas y más o menos la aceptaban como una más del grupo, pero quisiera o no destacaba, y no sólo por el pelaje, sino también porque era la más activa: el resto de ovejas balaba mucho, pero actuaba poco.

Un día, la oveja no pudo aguantarlo más al ver como el pastor les obligaba a todas sus congéneres a volver a casa cuando aún era pronto y se negó: se quedó allí plantada, parada y sin avanzar un solo paso. El pastor, que siempre había sido bueno con las ovejas se quedó estupefacto por la escena. Al final, cansado de insistir, la dejó allí. A la mañana siguiente, no se había movido del pasto.

Poco a poco, el pastor fue enfadándose con aquella oveja, pues se creía superior a ella y no la consideraba con derecho a que hiciese lo que la venía en gana, pero la oveja seguía igualmente sin obedecer. Al final, el pastor tomó la última decisión que le quedaba.

A lo largo de todo este tiempo, el resto de ovejas opinó todo tipo de cosas: las había que auguraban un mal final para la negra y las había que todos los días la daban ánimos y apoyos para seguir adelante; las había que pasaban por completo, y las había que la admiraban secretamente. Sin embargo, hubo una opinión que todos tuvieron en común: no merecía la pena arriesgarse a una posible represalia del pastor sólo porque otra oveja estuviese descontenta con él.

Y por fin, llegó el día en que el pastor se cansó de tantas estupideces y ejecutó definitivamente su decisión. Desde aquel entonces, las ovejas no volvieron a saber nada más de su congénere y decidieron que lo mejor sería olvidar aquel suceso y mostrar felicidad a su pastor.