Relatos, sombras y otros delirios

"Si miro atrás, estoy perdida." Daenerys Targaryen

lunes, 7 de mayo de 2012

El hombre sin mundo

Las aguas se movían con fluidez bajo el remo de mi compañero de barca, y si me había despertado, no había sido tanto por el chapoteo de éste en el agua como por el bamboleo de la balsa al desplazarse sobre las aguas calmadas, suponiendo que hubiese sido por algo relacionado con mi desplazamiento.

Según avanzada mi embarcación, no podía evitar dirigir miradas aisladas a las islas cercanas y a las no tan cercanas. Todas estaban habitadas, todas tenían un grupo de gente morando en ellas, viviendo allí y teniendo lugares a los que llamar hogar, sitios estables que siempre estarían ahí cuando los necesitasen, que los cobijarían cuando tuviesen miedo o padeciesen dolor. Y en esos sitios además, la gente se abrigaban mutuamente, porque todos eran como una gran familia que se acompañaban en sus mayores triunfos y se impedían mutuamente el caer en la miseria. Aparté la vista.

Sitios pequeños, medianos o grandes a los que la gente podía llamar hogar. A cualquiera le habría parecido lo más normal, porque todos lo tenían, pero yo era el hombre sin mundo, el vagabundo de las sociedades y el náufrago de su hogar y aquellas islas eran demasiado pedir para alguien como yo.

Me giré hacia mi compañero, pero descubrí que estaba solo. Miré a el piélago más cercano, y aunque la escena me dolió, no pude evitar que un esbozo de sonrisa se materializase en mi rostro... aunque tampoco tenía un espejo, de modo que nada me aseguraba que en realidad no fuese algo así como una mueca: mi compañero  estaba allí con los suyos, y al ver que les miraba con la melancolía en mis ojos, me sonrió, saludó e hizo señas con las manos para que me acercara. Negué con la cabeza mientras susurraba: "Esta vez no"

Habían sido ya demasiadas ocasiones en las que diferentes habitantes de la tierra firme me habían invitado a vivir con ellos, y aunque muchas veces había aceptado, ningún hogar había demostrado ser el mío, quizá porque la gente me fuese hostil, o tal vez porque había llegado tarde, pero en muchos casos sencillamente era algo así como un espectro, o un fantasma, pero no uno de esos que aparecen por la noche con una sábana blanca y te asustan, sino uno de esos a los que nadie puede ver ni oír.

Mientras había estado pensando en esto, había ido bajando progresiva e inevitablemente la cabeza hasta quedar mirando la oscura superficie del agua, pero de repente, agarré el remo, cerré los puños y levanté la cabeza al cielo nocturno, coronado por las estrellas. Metí el remo en el agua e hice un círculo con los brazos, y luego otro seguido de un tercero. Cierto era que aún no había encontrado mi mundo, pero aunque la pena fuese una digna rival, si quería encontrar ese mundo en el que una vez habría de habitar (suponiendo que existiese), no podía pararme y debía empezar a remar cuanto antes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario