Relatos, sombras y otros delirios

"Si miro atrás, estoy perdida." Daenerys Targaryen

lunes, 5 de marzo de 2012

Luchador nato

Abres los ojos y en un primer momento, no ves nada. Más tarde, cuando se te acostumbra la vista al lugar, puedes observar que estás en una sala oscura sin más salida que un pasillo relativamente estrecho y con las paredes enladrilladas. No tiene ventanas, pero a lo largo del pasillo hay parejas de antorchas iluminando y dotando de matices amarillentos a la salida.

Como es evidente, no te apetece quedarte encerrado, y te dispones a salir. Pero una voz resuena en tu interior: "¿Otra vez vas a huir encubriéndolo con una mala excusa?". Miras a tu alrededor, pero no ves nada. Te preguntas a qué se refieren esas palabras. No tienes más opción, salvo quedarte encerrado y terminar muriendo de hambre.

Según giras sobre ti mismo buscando el origen de la voz, observas algo de lo que no te habías percatado: detrás de ti, en la pared, hay colgado un escudo de armas con dos espadas en cruz colgando y por fin lo comprendes. A lo largo de tu vida, te has dedicado a huir. Querías derechos, pero no peleabas por ellos. Querías fortuna, pero no hacías nada por lograrlo. Querías amor, pero siempre te guardabas para ti esas palabras que siempre quisiste decir... Pero eso debe acabar. Huir no sirve para solucionar los problemas; sólo para postergarlos y por primera vez pareces comprender que si no luchas por ti mismo, nadie más lo hará.

Con estas últimas palabras en la cabeza, te acercas a la pared en la que está esa revelación. Con miedo por no saber como hacerlo correctamente, coges la espada cuyo refulgente filo destella como con vida propia llamándote, pues se ha pasado toda la vida esperándote. Y al empuñarla, por un momento parece que se te caerá, pues nunca has tenido una en tu mano y no sabes cómo cogerla. Pero sólo es una falsa apariencia.

Al momento, te das cuenta de que siempre has empuñado esa espada. No es un objeto que agarras con tu brazo; es un objeto que prolonga tu brazo. Siempre, desde el momento en que naciste, habías tenido esa espada, la habías llevado, la habías usado instintivamente cuando no tenías otro remedio y ella nunca te había fallado.

Te relajas, y dejas el cuerpo descansado. La espada cae y la punta golpea contra el suelo, haciendo resonar con un eco metálico toda la habitación. También tu cabeza cae, así como sus párpados e instantáneamente pasan por tus ojos cientos de escenas de batallas perdidas. Te das cuenta de que no perdiste por estar desarmado, sino porque no supiste siquiera que tenías un arma. Pero te dices a ti mismo que esto no volverá a pasar.

Las imágenes siguen fluyendo y comienzan a acercarse sucesos cercanos, de esos que cuando crees que por fin han cicatrizado son abiertos por algún idiota que nunca supo lo que era perder y eso le hace creerse con derecho a ser superior a esos que como tú fracasaron constantemente en su lucha por ser alguien y salir de tu cuarto oscuro, fuese por miedo, indecisión o falta de voluntad. Notas como la rabia comienza a bullir en tu interior.

De repente, recuperas las fuerzas, descubriendo que siempre las habías tenido. Tu puño se cierra con fuerza y la espada se levanta.Tu cuerpo se tensa, tu espalda se yergue y tu cabeza deja de estar enfocada al frente, pues en una pared delante de ti, las sombras bailan burlonas. Abres los ojos. Por un momento, estás a punto de golpearlas, pero en el fondo sabes que es inútil, y sólo serviría para gastar fuerzas y mellar tu filo.

Después de mucho respirar profundamente, te das la vuelta, mirando otra vez al pasillo que viste cuando abriste los ojos por primera vez y dando la espalda a todas esas sombras. El fuego de las antorchas es insignificante comparado con el que arde en tus ojos. Ves que las teas comienzan a apagarse y sabes que es esa ocasión o nunca. Con las fuerzas renovadas, te adentras en la oscuridad dispuesto a vencer cualquier cosa que se te eche encima, pues es lo que siempre hiciste sin darte cuenta. Con las fuerzas renovadas, demostrarás al resto del mundo y a ti mismo, quién eres. Con las fuerzas renovadas, comprenderás que siempre fuiste un luchador nato.

1 comentario:

  1. Me gusta^^bueno,y también lo demás
    Te sigo:D
    Besitos<3
    Ali:)

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