Relatos, sombras y otros delirios

"Si miro atrás, estoy perdida." Daenerys Targaryen

lunes, 14 de noviembre de 2011

Mendigo

Estaba como otros tantos días en el supermercado, mendigando para intentar conseguir algo que llevarme a la boca. No era como el resto de mendigos. No intentaba dar la mayor pena posible, sino sencillamente, hacer ver a los demás que yo era sincero. En mi cartel, en lugar de poner, que tengo montones de hijos y demás paparruchadas por el estilo, no ponía más que la verdad: "Nada les obliga a darme nada, pero tengo hambre, no tengo trabajo y tampoco comida". No servía de mucho.

De repente, oí a un niño decirle a su madre: "¡Mamá, mamá! ¿Me das dinero?", ésta le respondió que para qué, y el niño contestó: "Para que ese hombre pueda comprar algo de comer". Supuse que se refería a mí, así que alcé la cabeza. Un chico de no más de ocho o nueve años estaba esperando a que su madre le diese dinero mientras salían por la puerta del supermercado y tras recibirlo, se me fue acercando. Al poco rato, había cincuenta céntimos más en mi cestillo, suficiente para una barra de pan. Hoy tenía comida.

-Muchas gracias, chiquillo. Eres una buena persona -le dije con una sonrisa he intentando poner la mejor cara posible a pesar de mis dientes amarillentos y mi barba desaliñada.

-De nada señor, pero no se preocupe: seguro que Dios le cuida cuando llegue al cielo -opinó él con una voz tan cándida que se me alegró el día sólo de oírla.

-Sí, eso espero -no quise decirle que si Dios hubiese existido alguna vez, todo sería muy diferente. Aún era un niño y tenía mucho por aprender.

-Venga Carlos...

-Bueno señor, me tengo que ir. Cuídese y no gaste el dinero en tonterías.

-Eso haré chaval, eso haré. Muchas gracias.

Siempre me había gustado tratar con niños. Eran tan inocentes que nunca se sabía por dónde iban a salirle a uno. Recordé que yo de pequeño había sido igual. Quien no tanto, era mi madre. Nunca se había fiado de los desconocidos. Pensaba que todos los mendigos eran unos farsantes que lo único que querían era sacar unos dinerillos adicionales a los de su trabajo. Y eso pensé yo cuando empecé a crecer, influenciado por mi madre. Pero no tardé en darme cuenta de que sencillamente, eran personas que de jóvenes habían sido demasiado vagos como para labrarse un buen futuro. Lo entendía: al fin y al cabo, a pesar de que de pequeño yo siempre había sido muy inteligente, nunca fui trabajador y estudioso.

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