Relatos, sombras y otros delirios

"Si miro atrás, estoy perdida." Daenerys Targaryen

sábado, 24 de septiembre de 2011

El titiritero

Aún recuerdo aquella tarde paseando por el mercado medieval. Como todos los veranos, en el pueblo había toda clase de puestos asemejando una plaza feudal. Sin embargo, en un rincón un poco apartado se podían ver un gran número de personas sentadas en corro alrededor de algo. Me acerqué para comprobar que era ese algo, y una caseta pequeña con una ventana central y telones a los lados se me presentó cuando tuve algo de visibilidad. Supuse que se trataría de un espectáculo de títeres. Cuando llegué al lugar en el que estaba, el público estalló en aplausos. Por encima de la ventana, el titiritero hizo una reverencia dando las gracias a la gente e introduciendo su próxima obra. Comenzó a mover las marionetas como si tuvieran vida propia.

Cuentan las leyendas antiguas que hace ya muchos años existía un valiente y afamado caballero cuyo nombre nadie sabía y al que todos conocían como Caballero de la Garza. Aquel valiente hombre dedicaba su vida a recorrer el mundo para ayudar a los inocentes. Allá donde iba, los crueles y villanos temblaban en sus castillos mientras que la plebe le recibía con rosas. Nadie había visto jamás su rostro, pero su armadura era inconfundible. Siempre llevaba cabalgando a lomos del mismo semental de un blanco inmaculado enfundado en su coraza de un resplandor argénteo simulando plumas en los brazos y un estilizado pico donde estaría su boca.

Nuestra historia concreta se centra en la última gran aventura del Caballero de la Garza. Recientemente se habían oído rumores acerca de un gran y poderoso dragón que aterrorizaba los pueblos que sobrevolaba y arrasaba con su ígneo aliento los campos en los que se detenía. Tenía su hogar en una cueva remota, y de los poco aventureros que habían osado ir a buscarla, ninguno había logrado volver para contarlo.


Pero pocos seres eran tan valientes como el Caballero de la Garza, y ninguno de ellos era humano. Tras días y noches cabalgando sin cesar, el caballero llegó a una gruta de la que salían columnas de humo y en la que se olía la destrucción alrededor. El valiente hombre se adentró, dejando a su montura fuera. Aquella cueva era oscura, y apenas había iluminación, pero al fondo pudo divisar al dragón que había estado buscando. Desenfundó su espada y arremetió a la carrera con un potente grito atronador hacia aquella bestia del diablo...


Pero el títere no se movió, por más esfuerzos que hacía el hombre. Después, el Caballero de la Garza se fue acercando lentamente al dragón, montó en él y... bueno... es difícil describirlo. Fue como si el caballero hubiese cobrado vida y atacase con su minúscula espada el cuerpo del titiritero.  Al poco rato cayó el telón, y aunque el tronco del hombre tenía rasguños de verdad. Yo dudé que fuese parte de la obra, pero el público aplaudió como si jamás hubiesen visto una actuación mejor. Sin embargo, recuerdo que a mí lado se encontraba un hombre anciano que me dijo:

-Parece que a nadie le gusta que le manipulen.

martes, 13 de septiembre de 2011

Asesino

Algo se desliza por mi brazo.Es líquido y deja rastro. ¿Es agua? No, no puede ser. Está caliente. Abro los ojos, pero todo está oscuro. ¿Y si es sangre? No, no puede ser. No recuerdo haberme cortado.


De repente, oigo una voz. Dice: "Asesino". La ignoro, pero lo vuelvo a oír. Y muchas más. Asesino. Asesino, asesino, asesino, asesino. Me tapo las orejas con las manos, pero no sirve. Asesino, asesino, asesino. Abro la boca y grito a pleno pulmón. No me oigo. Las voces paran un momento, pero luego... Asesino, asesino, asesino, asesino, asesino, asesino, asesino. Me quito las manos de las orejas. La gota cae al suelo. Oigo el sonido que se produce al estrellarse el líquido. Cierro los puños y empiezo a golpear al vacío. Asesino. No hago nada. Asesino.


Descargo demasiada fuerza en un golpe y me caigo. Las voces cesan. Noto que estoy a punto de estrellarme contra el suelo.


Veo pasar el paisaje a toda velocidad. El resto de personas del vagón me miran con preocupación. Me doy cuenta de que he estado durmiendo.


-¿Está bien? -me pregunta un hombre-. Ha estado delirando.


Recuerdo que maté a mi mujer por accidente y que había decidido mudarme para huir del pasado. Sin embargo, me persiguió en forma de conciencia. No pude soportarlo.


Cuando Víctor, del equipo de desapariciones por fin encontró el cadáver colgado de una cuerda por el cuello, con una nota al lado, después de dos años tras la ausencia del hombre, no pudo hacer nada sino sentir pena por aquel hombre. Tras tantos casos de estos, comprendía que mucha gente no soportaba matar.

viernes, 2 de septiembre de 2011

La sombra

Siempre había querido salir a la luz. Aún cuando era diminuta, siempre les preguntaba al resto de sombras con las que se encontraba: "¿qué es eso tan bonito y brillante que hay a nuestro alrededor?", siempre le respondían que se trataba de una cosa llamada luz, pero que no tenía que salir allí nunca, pues a las sombras las destruía. Aunque la sombra sólo fingía aceptar, pues tenía ganas de salir y dejar de seguir a un humano a todas partes: ¡Era demasiado aburrido!

Había días en los que todo estaba bastante oscuro y la sombra podía permitirse salir, un poco, pero no demasiado, y a veces odiaba al humano por tenerla anclada siempre. En sus sueños más hondos, era libre, pero no sólo eso... ¡Era una persona! Y al despertar, nunca olvidaba lo agradable de aquellas situaciones.

A veces se lo comentaba a las sombras de los muebles, pero ellas que eran más viejas y sabias le decían que eso era absurdo y que cuando el humano muriese, ella quedaría encerrada para siempre. Pero ella no quería, y te tanto desearlo, una noche en la que tuvo uno de sus sueños habituales en los que era una sombra libre, se consiguió separar. Se despertó y se dio cuenta. Podía moverse a voluntad.

Justo después, ya estaba en la calle, corriendo y disfrutando de que lo que siempre había querido se había cumplido por fin. Y cuando por fin estaba acabando la noche, se dio cuenta de que aquella noche había sido el mejor momento de su vida.

Poco después empezó a amanecer. La sombra estaba impaciente. Siempre había soñado con aquel momento. Y cuando otras sombras empezaron a despertar, la gritaron: "¡Corre insensata! ¡Te matarás!". Pero la sombra llevaba esperándolo toda su vida, y no iba a dejar que nada ni nadie se lo quitase. De repente, empezó a desaparecer. No sabía explicar la sensación, pero sabía que estaba empezando a desaparecer. Fue sólo entonces cuando de una vez por todas comprendió porque nunca había podido salir a la luz.