Relatos, sombras y otros delirios

"Si miro atrás, estoy perdida." Daenerys Targaryen

jueves, 28 de julio de 2011

Otro día de rutina

Otra vez, el despertador está sonando. Con pereza, sacas la mano de tu cama y en un gesto torpe lo apagas. De modo somnoliento, te sientas en la cama, y palpas las zapatillas con los pies. Cuando las encuentras, no te apetece agacharte para ponértelas bien, y metes los pies de forma suficiente para que no se te caigan. Te desplazas arrastrando los pies hasta la cocina, y metes llenas de leche el tazón. Preparas el microondas a dos minutos, y te sientas a esperar. Tienes el cuerpo dolorido por el trabajo, pero tienes que hacerlo por tu familia, para que puedan comer, vestirse, tener un techo... resumidamente, vivir.

Sales por la puerta intentando no hacer ruido, pues tu familia aún está en la cama dormida. Te encuentras frente al ascensor. Con gesto cansado, pulsas el botón de llamada mientras esperas a que llegue te planteas si esperabas que tu vida fuese así. Llegas a la conclusión de que no.

Llegas a la obra y te quitas la ropa para cambiarte.  De repente, alguien grita:

-¡Vamos gusanos! ¡Ya os estáis poniendo a retirar escombros1

Es el capataz. El mismo de todos lo días. Un dictador en una sociedad demócrata. En tu fuero interno, a pesar de lo que lo sufres, no puedes evitar que la ironía te haga gracia. Te pones el mono de trabajo y empiezas a hacer todo lo que te dice. Te jode, y lo sabes, pero no tienes otra opción. Tienes otras tres bocas que alimentar.

Llega la pausa del almuerzo. Aprovechas para relajarte todo lo posible, pero sabes que aún te queda toda una tarde de trabajo. Oyes a alguien hacer una gracieta y con ello logra que todos soltéis una pequeña carcajada, lo cual os va a todos genial, porque os hace falta para aliviaros.

Vuelves al trabajo. Estas ayudando con un par de vigas de acero, cuando unos chavales repelentes se cuelan en la obra y empiezan a tiraros piedras y reírse de vosotros. Les gritas asqueado, pero lo único que logras es aumentar sus burlas y mofas.

Afortunadamente, llega la noche y todos podéis volver a casa. Alguien sugiere ir a tomarse una caña, pero tú no puedes. Y además, tienes ganas de volver con tu familia: comprobar que todo el sufrimiento que te toca merece la pena.

Llegas al portal. Introduces la llave y abres la puerta. Pulsas el botoncito del ascensor, y con un suspiro exasperado, oyes salir de tu boca:

-Otro día de rutina.