Relatos, sombras y otros delirios

"Si miro atrás, estoy perdida." Daenerys Targaryen

sábado, 25 de junio de 2011

Las fieras (1ª parte de "Sangre y honor")

Tras el estridente sonido del metal contra las rocas, la oscuridad le cedió su turno a la luz, cegándome por un instante. Me pasé la lengua por los agrietados labios para humedecerlos, y la guarecí en la boca llenándola de polvo. El clamor de una multitud esperando sangre me recibió al entrar en el círculo de arena rodeado de las gradas. Cuando comencé a recuperar la vista, dirigí la mirada a mi alrededor: multitud de esclavos de todas las etnias y razas se mostraban igual de confusos que yo: allí había judíos y cristianos, mauritanos y persas, criminales y soldados que habían visto perecer a sus amigos. Cientos, si no miles de romanos gritaban de euforia desde sus asientos, sabedores del cruento espectáculo que se avecinaba y que todos esperaban impacientes. De repente, los rastrillos de las tres puertas que estaban enfrente de nosotros se abrieron, dejando escapar un rugido con eco por las paredes pétreas del túnel.

Los tres rastrillos ya estaban cerrados, y delante de todos nosotros se encontraban tres tigres y otros tres leones. Alcé el escudo en posición defensiva y desenvainé la gladius, mientras la mayoría de mis compañeros corrían despavoridos a lo largo y ancho de todo el terreno, serían los primeros en caer. Me parecía cruel por parte de una cultura supuestamente tan rica, mandar a luchar a unos pobres mendigos sólo por diversión, aunque, afortunadamente. más allá del Rin todos éramos guerreros desde los diez años. Decidí esperar, pues cualquier otra cosa sería una pérdida de energías innecesarias, pero al poco rato me di cuenta de que tenía la retaguardia desprotegida, de modo que, sin perder de vista a las fieras, de las cuales ya habían caído dos tigres, retrocedí hasta pegar la espalda con una de las paredes en las que daba la sombra, pues el sol podía ser más peligroso que toda una manada de aquellos animales furiosos.

Los gritos de los romanos iban descendiendo. Aún quedaba un ejemplar de cada félido, y otro hombre en la plaza. El león se encaró hacia él, mientras el tigre, recientemente percatado de mi presencia, comenzó a aproximarse a mi posición. Adopté una posición de guardia, y esperé. Aquella fiera de más allá de los límites de las tierras que conocía comenzó a correr en mi dirección, a velocidad cada vez mayor. Me acuclillé, antepuse el escudo para proteger mi frontal, y cuando el depredador estuvo suficientemente cerca, le asesté un golpe con mi única protección en el morro, trazando simultáneamente un arco con el gladius, llevando éste de forma que la punta guiase el resto del arma. El ataque dio resultado, y antes de que la fiera pudiese reaccionar, había sido atravesado de costado a costado por una espada corta, cruzando el corazón en el camino. Los romanos volvieron a gritar eufóricos, y yo fui a hacer una reverencia, cuando observé que no era a mí a quien alababan, sino al otro hombre, que había atravesado elegantemente al león por el cuello con un tridente, tras meterle el cuerpo completo dentro de una red para inmovilizarlo.

2 comentarios:

  1. Espero que tardes poco en sacar la segunda parte... Ya estoy impaciente por ver como continua la historia. Tiene un buen comienzo!!

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  2. Yo también lo espero: la idea ya la tengo, ahora sólo queda darle forma.

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