Relatos, sombras y otros delirios

"Si miro atrás, estoy perdida." Daenerys Targaryen

viernes, 15 de abril de 2011

La escapada matinal

Amanecía. Las calles estaban solitarias y vacías. Mejor. Siempre me habían gustado las calles cuando estaban sólo para mí. Además, para lo que iba a hacer, si me miraba algún chiquillo, podía acabar mal. Vestía una chaqueta ligera y un pantalón de chándal, aunque eso no era nada nuevo, ni aprobado por el resto de la sociedad, pero lo que pensase un rebaño de borregos me importaba menos que pisar una hoja muerta en el suelo. Me puse los mitones y me acerqué. Puse la mano en la hendidura más alta, y repetí el proceso con el pie contrario en una hendidura más cercana. Adelanté el pie para que el primero que había subido estuviese el que más bajo, y me terminé de apoyar en la pared con la última mano. Repetí el ciclo una vez tras otra, yendo siempre al punto cercano más seguro. Sentía como el suelo se iba alejando de mis pies mientras mis manos se acercaban cada vez más a la azotea. La brisa matinal iba ganando en intensidad según lo hacía yo en altura, pero siempre me había gustado su caricia en mis mejillas.

Al llegar a la planta más alta de todas, vi que alguien había llamado a la policía, porque se iban acercando coches. Nunca llegué a entender que tenían en contra de hombres como yo, que apreciaban la libertad antes que  cualquier otra cosa. Cuando terminé de subir, oí una voz amplificada mediante un megáfono gritaba: "Deténgase inmediatamente. Baje ahora mismo y no le haremos daño." Continué hasta la terraza. Les saqué el dedo a aquellos esclavizadores, aunque tampoco creo que me hubiesen visto, y me alejé corriendo al ático más cercano, que lógicamente no estaba unido al edificio en el que yo estaba. Más de uno habría dicho que estaba loco, que ese salto era imposible de realizar; siento lástima por aquellos que nunca fueron capaces de volar. Fui corriendo cada vez más rápido y en cuanto llegué al bordillo, salté... ¿o debería decir que volé?

Lo polis me perseguían desde el suelo, pero el vuelo es de los métodos de desplazamiento más rápidos que existen, si no el que más. Tras haber atravesado unos pocos edificios, ya me habían perdido el rastro. Miré en mi rededor. Estaba en un edificio pequeño, con una azotea típica de hormigón gris con muros de medio metro para impedir que los niños pequeños se precipitasen al vacío. El sol ya hacía algunos minutos que había terminado de salir. me puse de cuclillas en la esquina orientada al este. Se avecinaba un nuevo día. Ya había tenido mi momento de vuelo, que como siempre, había sido aprovechado, pero nadie podía vivir sólo en el aire, y me tocaba bajar, enfrentarme a la realidad y seguir adelante un día más, para a la siguiente mañana, poder madrugar de nuevo y disfrutar de este placer cuando apenas hubiera gente que me señalase y me hiciera destacar por ser diferente y tener el valor de romper las barreras que les convertían en simples ovejas del rebaño.

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