Relatos, sombras y otros delirios

"Si miro atrás, estoy perdida." Daenerys Targaryen

miércoles, 27 de abril de 2011

La decisión equivocada

Por fin había llegado, aquella daga de acero toledano que había pedido hacía casi dos meses. La preparé un pequeño cinturón para mi muñeca a base de correas para llevarla cerca de la muñeca, casi literalmente a mano.

Ahora mismo, es de noche, Yo estoy cerca de su portal, pero escondido y silencioso como una sombra, pero también acechante. De repente, oigo unos pasos. Enfoco mi vista a la dirección de la que estos proceden, pero sólo es un hombre paseando a su perro, un chihuahua sorprendentemente alto para la raza. Hay que seguir esperando.

Para hacer tiempo, me pongo a reflexionar: ¿por qué estoy a punto de hacer lo que voy a hacer? Supuestamente, ella me quiere como amigo, y yo a ella también... ¿o la odio? ¿o si estoy enamorado y no me he dado ni cuenta? Pero y si es cierto que le importo, ¿por qué nunca me llama? Pero no puede ser porque me odia, si cada vez que nos vemos se muestra cariñosísima conmigo.

-Mierda, mierda, mierDA -digo, primeramente en un susurro apenas audible, hasta terminar en casi un grito de impotencia y confusión.

-¿Qué ha sido eso?

Es su voz. Joder... esto va de mal en peor. De repente me inunda el miedo: ¿y si luego me arrepiento de haberla matado? ¿Y si lo hago mal, y me denuncia a la policía? Sabía que me tenía que haber cogido una máscara...

-Hola. ¿Hay alguien ahí?

Cada vez está más cerca de mí. Noto como la velocidad entre latido y latido de mi corazón empieza a crecer a un ritmo desorbitado. ¿Será por la adrenalina? ¿O tal vez porque le da la gana a mi corazón? En un instante de valor, o tal vez un arrebato de locura, suelto las correas que ataban la daga a mi antebrazo, y en cuanto esta cae, la cojo con un movimiento ágil para salir de mi escondrijo al momento con un grito que no sabría decir si es de rabia, o quizá de locura... ¿de impotencia, tal vez? En un primer momento, me mira con cara de sorpresa... no tiene más ocasión de reaccionar. Extraigo y puñal de su corazón, y de repente, una lágrima decide visitar mis ojos, seguida de toda su familia. La cierro los párpados y la boca, y la doy un último beso en la mejilla. Dejo mi arma a su lado, y hecho a correr para escapar de mí mismo.

Creía que había tomado la decisión correcta, que así se acabarían las dudas, la confusión, la turbación... todo, que por fin mi alma reposaría en paz. Justo en ese momento lo comprendí: acababa de comenzar el verdadero tormento por culpa de unos enemigos demasiado crueles. Se llaman remordimientos.

domingo, 24 de abril de 2011

Visión de un mundo sin esperanza

Una especie de ave negruzca, similar a un cuervo bajó de las nubes con un odioso ruido, similar a un graznido. Las nubes se tornaban de negro, con acongojantes rayos acompañados de estridentes truenos descendiendo de éstas y prediciendo tiempos de agonía y dolor que aún no habían acabado. En el suelo, tan sólo había páramos yermos con alguna que otra zarza retorcida quitando la monotonía del lugar. Un río verdoso con grandes burbujas ácidas se presentaba ante mí y decidí dar un rodeo por si acaso, pero al cabo de un rato, un vado surgió y las burbujas, aunque no desaparecieron, se detuvieron frente a aquella zona con las aguas bajas. Aproveché para cruzar.

A mi lado se veían figuras espectrales, cubiertas con oscuras túnicas de las que tan sólo veía unas huesudas manos donde las mangas terminaban y cráneos blanquecinos con algún que otro gusano adornando las cuencas oculares, bajo las capuchas en las que se prolongaban las túnicas.

De repente, noté una mano posándose sobre mi hombro y me volteé, no sin temor, para ver quien estaba a mis espaldas. Una calavera con un esbozo de sonrisa en su mandíbula me miró, y subiendo y bajando la dentadura, me dijo:

-Perdona muchacho, ¿tienes hora?

Suspiré aliviado para mis adentros. Era relativamente pronto y aquella calle estaba alejada, por lo que se podría decir que había tenido suerte de que no hubiese sido un ladrón. Aunque bien pensado si hubiese sido un ladrón, no habría cometido esa imprudencia.

-Por supuesto -me miré el brazo en el que tenía el reloj-. Las cinco y cuarto pasadas.

Me volví y seguí adelante, con la música sonando en mis auriculares, la que me permitía seguir en un mundo tan triste. Era como ambrosía sonora. Nunca había creído en ningún Dios; si hubiera existido alguno, la Tierra nunca habría sido así. Recordé los tiempos en los que veía igual que el resto de personas y media sonrisa comenzó a dibujarse en mis labios.

Para la gente, yo no era normal, decían que estoy loco. Me da igual, no estoy loco, pero tampoco cuerdo. Sencillamente veo como es el mundo sin disfraces ni máscaras; veo como es un mundo sin esperanza.

miércoles, 20 de abril de 2011

Sueños de una mañana del lunes

No estoy seguro de que esto sea cierto. Quizá sea un sueño, quizá una ilusión, una alucinación o una hipnosis. Sólo sé que que no sé lo que me pasa. Me noto ligero, liviano. De repente, un tan sólo un instante, me veo azulado y translucido, en un cuarto oscuro. Me voy elevando lentamente y al poco rato veo un cuerpo tumbado en una cama, pero al fijarme bien, compruebo que ese cuerpo es MI cuerpo, que esa cama es MI cama y que esa habitación en la que está es MI habitación.

Miles de dudas acuchillan mi mente, aunque todas del mismo tipo: "¿Estaré muerto?" "¿Seré un fantasma?" "¿Tendrá mi alma cabida en el cielo?"

Estoy asustado, pero dadas las circunstancias... ¿quién no lo estaría? Comienzo a acercarme al techo e instintivamente llevo las manos hacia arriba para evitar el golpe, pero tanto éstas como mi cuerpo atraviesan el techo y tras pasar por el desván, salgo al cielo nocturno atravesando el tejado. Sigo subiendo y veo mi casa, mi calle, mi barrio, mi ciudad, mi región... aparto la vista, aunque no puedo negar que es fascinante. Miro hacia arriba, donde las nubes están cada vez más cerca y la velocidad a la que me acerco es cada vez mayor, ¿o se trata de una imaginación mía?

Decido dormir para hacer rato, así que cierro los ojos, pero no tengo sueño ni estoy cansado, lo cual me hace plantearme si realmente estarán dormidos los muertos, o tan sólo tienen el alma despegada del cuerpo. Cuando los abro, quedo asombrado. Estoy a varios metros por encima de la atmósfera y tengo ante mí una esfera azul con pinceladas blanquecinas y en ocasiones; distintas superficies, unas más grandes que otras, de distintos colores: amarillo, verde, blanco, gris...

Lo lógico habría sido pensar que a estas alturas me habría detenido; o que estaría en el cielo, con Dios, los ángeles y demás fantasías religiosas; pero yo seguía ascendiendo hasta que...

"TRIIIRI" "TRIIIRIRI" "TRIIIIRIRIRI"

Me levanto. Cojo el móvil y apago el despertador. Miro la hora. Ocho de la mañana del lunes. Toca ir a clase, como todos los días, y esto no ha sido más que un extraño sueño.

viernes, 15 de abril de 2011

Esclavo del miedo

Todo está oscuro. No veo nada. Doy un par de pisadas y oigo eco de éstas. Por el sonido, parece que estoy bajo una cúpula. De repente, una luz en la que mediante palabras dice: "Toma una decisión" baja del cielo, sí es que se puede llamar así. Me acerco a ella, pero veo a otro ser aproximarse según lo hago yo también.


-¿Quién eres? -preguntó


-¿Aún no lo sabes? Llevas viviendo conmigo toda tu vida.


Me detengo a pensar. Hay varias personas con las que llevo viviendo toda mi vida: mi mejor amigo, mis padres, mi hermana... pero ni su voz ni su aspecto se parece a ninguna de ellas. Según va llegando, distingo una forma sinuosa y oscura, semitransparente. Parece un fantasma, o quizá un espectro; no sabría decirlo con exactitud. Y cuando voy a volver a preguntar... se me ocurre una idea disparatada... aunque tampoco se puede decir que nada de esto sea lo contrario.


-Eres... ¿el miedo?


-Me ofendes. Con tanto tiempo que hace que nos conocemos, y que aún no lo sepas.


No sé como tomármelo, pero decido hacerlo como un sí. Progresivamente noto como la rabia se va apoderando de mí. Los ojos se me empapan de furia. Voy apretando el puño derecha con tanta fuerza que se me clavan las uñas en las palmas de los dedos. Por culpa de ese monstruo, nunca he podido tomar mis propias decisiones con buen criterio. Por culpa de ese monstruo, en varias ocasiones he fallado a mis seres queridos. Por culpa de ese monstruo, mi vida ha sido siempre una mierda. Nunca me atreví a dar el primer paso, ni a defender a los que me importaban. ¿Y qué fue lo único que hizo ese engendro por mí? Salvarme el pellejo para dejarme una absurda vida incompleta.


Levanto mi puño, el que ya empieza a teñirse ligeramente roja por la palma, y se lo lanzo en un movimiento fuerte, brusco y violento. En cambio, el fantasma que se alza ante mí, no necesita más que mover ligeramente su... ¿mano? Es difícil determinarlo en aquel ser de forma variable. Sin embargo, sé que detiene mi golpe sin problemas, y con tan sólo girarlo en un simple movimiento, me retuerce el brazo y me deja subyugado a su voluntad. Una vez más, esclavizado bajo un cruel dictador que lleva toda la vida inmovilizándome y dejándome, como siempre, bajo una voluntad que no es la mía, y mediante una decisión que nunca quise tomar.

La escapada matinal

Amanecía. Las calles estaban solitarias y vacías. Mejor. Siempre me habían gustado las calles cuando estaban sólo para mí. Además, para lo que iba a hacer, si me miraba algún chiquillo, podía acabar mal. Vestía una chaqueta ligera y un pantalón de chándal, aunque eso no era nada nuevo, ni aprobado por el resto de la sociedad, pero lo que pensase un rebaño de borregos me importaba menos que pisar una hoja muerta en el suelo. Me puse los mitones y me acerqué. Puse la mano en la hendidura más alta, y repetí el proceso con el pie contrario en una hendidura más cercana. Adelanté el pie para que el primero que había subido estuviese el que más bajo, y me terminé de apoyar en la pared con la última mano. Repetí el ciclo una vez tras otra, yendo siempre al punto cercano más seguro. Sentía como el suelo se iba alejando de mis pies mientras mis manos se acercaban cada vez más a la azotea. La brisa matinal iba ganando en intensidad según lo hacía yo en altura, pero siempre me había gustado su caricia en mis mejillas.

Al llegar a la planta más alta de todas, vi que alguien había llamado a la policía, porque se iban acercando coches. Nunca llegué a entender que tenían en contra de hombres como yo, que apreciaban la libertad antes que  cualquier otra cosa. Cuando terminé de subir, oí una voz amplificada mediante un megáfono gritaba: "Deténgase inmediatamente. Baje ahora mismo y no le haremos daño." Continué hasta la terraza. Les saqué el dedo a aquellos esclavizadores, aunque tampoco creo que me hubiesen visto, y me alejé corriendo al ático más cercano, que lógicamente no estaba unido al edificio en el que yo estaba. Más de uno habría dicho que estaba loco, que ese salto era imposible de realizar; siento lástima por aquellos que nunca fueron capaces de volar. Fui corriendo cada vez más rápido y en cuanto llegué al bordillo, salté... ¿o debería decir que volé?

Lo polis me perseguían desde el suelo, pero el vuelo es de los métodos de desplazamiento más rápidos que existen, si no el que más. Tras haber atravesado unos pocos edificios, ya me habían perdido el rastro. Miré en mi rededor. Estaba en un edificio pequeño, con una azotea típica de hormigón gris con muros de medio metro para impedir que los niños pequeños se precipitasen al vacío. El sol ya hacía algunos minutos que había terminado de salir. me puse de cuclillas en la esquina orientada al este. Se avecinaba un nuevo día. Ya había tenido mi momento de vuelo, que como siempre, había sido aprovechado, pero nadie podía vivir sólo en el aire, y me tocaba bajar, enfrentarme a la realidad y seguir adelante un día más, para a la siguiente mañana, poder madrugar de nuevo y disfrutar de este placer cuando apenas hubiera gente que me señalase y me hiciera destacar por ser diferente y tener el valor de romper las barreras que les convertían en simples ovejas del rebaño.

domingo, 10 de abril de 2011

El árbol de la pseudoalegría

Adelante, entre y pase. Disfrute de nuestro jardín, donde podrá deleitarse y disfrutar con millones de ovejas disfrazadas de personas que ni saben que son borregos. Báñese en nuestros ríos de lujurioso pudor donde los valores se olvidan al lado del sexo. Destape nuestras botellas, que le prometerán millones de fantasías inexistentes. Y pruebe los productos de nuestra mayor atracción, el árbol de la alegría, con múltiples frutos de diversos nombres: como droga y violencia. No lo dude, la felicidad está al alcance de su mano. El único pago que nos debe dar para no perder nunca esta euforia son su voluntad, su libertad, su razocinio y su independencia. No lo dude, venga y sea feliz.

sábado, 2 de abril de 2011

"¡Disparaaad!"

Las nubes grisáceas cubrían el cielo, en un acto de generosidad para proteger al sol de la masacre que estaba a punto de pronunciarse. Al otro lado del río, sobre la cima de unas colinas, un puñado de valientes campesinos montaban estacas y barricadas en un vano intento de hacer lo posible por defenderse de sus enemigos allá, al otro lado del río. El capitán, un versado guerrero ahora retirado del ejército como consecuencia de su avanzada edad, pasó una última revisión a las defensas, pues de ellas dependían para sobrevivir, aunque en su interior, no contaba con que ninguno de todos aquellos hombres saliera con vida. Sin embargo, la esperanza había de ser lo último en perderse.

Comenzó a dar una vuelta alrededor de los hombres, concediéndoles flechas y arcos a todos aquellos que sabían usarlas, y lanzas para atacar a través de las protecciones concedidas por las estacas y las barricadas a los que tuviesen poca precisión y que éstos contasen con protección al causar bajas, gracias a aquellas barricadas y estacas que tendrían delante. Cuando vio que todo estaba listo y que el enemigo comenzaba a aglomerarse en el horizonte, les ordenó ponerse en formación. Tardaron un poco, debido a la indisciplina de las tropas, pero como bien dice el refrán, más vale tarde que nunca.

El improvisado general sabía que no tenían nada que hacer. Por supuesto, no sé lo diría, puesto que hacía más un soldado dispuesto a darlo todo por los suyos, que diez con mano vacilante. Sin embargo, contaba con que las gentes de los pueblos siguiesen su ejemplo, puesto que el monarca de por aquel entonces era un cobarde y seguramente estuviera refugiado en su palacio ajeno a todo mal exterior. Pero si todos los pueblos daban la leva campesina, quizá el reino se pudiese salvar.

-¡Hermanos! ¿Sabéis que día es hoy?

-¡DOS DE ABRIL! -gritó algún graciosillo por el fondo. En cambio, la mayoría de ellos se mostraban nerviosos.

-Yo lo sé -intervino uno que mantenía la cabeza fría, pero se le olía el miedo desde kilómetros-. Es el día que moriremos.

-Es posible. No niego que más de uno no volveréis a ver la luz del sol el próximo día -al hombre no le gustaba mentir, y por eso había sido sincero, en cambio, había usado los términos correctos para que pensasen que las bajas serían escasas-. Yo sólo os pido que recordéis por qué estáis haciendo este sacrificio: lo hacéis por vuestra esposas y hermanas, para que esos engendros de mala madre no las violen; y por vuestros hijos, para que puedan tener un futuro próspero y feliz. Hoy es el día en que demostraréis que un grupo de valientes hombres de campo hicisteis frente a un ejército de demonios cuyos únicos objetivos son matar, saquear y violar. ¡Hermanos, no niego que no todos sobreviviréis, pero os invito conmigo a luchar por la libertad y la victoria!

La palabras de aquel hombre de una edad superior a los cincuenta años fueron recibidas con un coro de gritos de aprobación.

-¡Todos a vuestras posiciones! ¡Arqueros! ¡Cargad!

Ante aquella orden, los lanceros se situaron tras las coberturas y los arqueros pusieron flechas en los arcos. Los enemigos comenzaban a tapar el horizonte.

-¡Arqueros, tensad!

Éstos subieron los arcos al cielo y estiraron las cuerdas sujetando las flechas. Aquella hueste de seres que tenían más de monstruo que de humano se acercaba corriendo a una velocidad cada vez mayor.

-¡Disparaaad!