Relatos, sombras y otros delirios

"Si miro atrás, estoy perdida." Daenerys Targaryen

sábado, 26 de marzo de 2011

El Rayo de Luz


Bueno, pues antes de nada, quería dar una pequeña introducción. El año pasado, en el Jorge Manrique hubo un certamen literario al cual me presenté y quedé primero. No tiene mucho mérito, ya que en toda la ESO no participamos más de 8 personas, pero bueno, algo de dinero que gané (100 pavaos ^^). Este es el relato con el que gané.

Año 2320 después de Cristo, pero más brevemente, doscientos cincuenta y siete de nuestra era, la Edad de las Tinieblas. Hace algo más de siglo y medio, la paz que de manera cada vez más frágil intentaban sostener los gobiernos, fue quebrada por completo y ahora no ha quedado más que un mundo sumido en el caos, las sombras y la confusión como consecuencia de toda la contaminación producida por el ser humano, la mayor máquina de destrucción que haya engendrado la naturaleza.
Aquel fue un día iluminado teniendo en cuenta las condiciones circunstanciales que sufría el Planeta Azul, ahora conocido como Planeta Gris. Jeriek se levantó con el soni-do del fango explotando en el río contaminado de al lado de su morada, como la mayoría de las veces que intentaba dormir. Según los adivinos –una práctica que había conseguido muchos seguidores en los últimos tiempos- aquel día el rocío iba a estar fresco y brillante, de modo que le convenía madrugar. El rocío era una de las pocas formas de conseguir agua en buenas condiciones, así como de saber que había amanecido. Y además, según los cuentos que todos habían oído desde pequeños, una mañana en la que el rocío supiese a oro, las nubes mostrarían un gigantesco balón áureo en el cielo que desterraría las tinieblas al más allá.
Jer, sin embargo, que ya tenía veintitrés años, no creía en esos cuentos de hadas y pensaba que no eran más que invenciones de los adivinos para subir la moral de la gente, prometerles que cualquier día se acabarían las sombras. No era mala idea, pero tras tantas promesas falsas, la gente terminaría por cansarse y se sublevaría contra ellos. Crearían un monstruo, al igual que hicieron los Antiguos con todas sus máquinas, ahora simples chatarras oxidadas y desperdigadas por todo el mundo.
Se levantó del lecho formado a base de plásticos con burbujitas, que había ido recolectando a lo largo de su infancia porque le gustaba explotarlas, hasta que comenzó a darles utilidad e intentó desperezarse para buscar alguna de las muchas latas y botellas que poseía en su guarida para estas ocasiones; pero cuando salió, no quedaba ni una sola gota de rocío. En su lugar, había grandes multitudes de personas rodeando a cuatro individuos, tres hombres y una mujer. Todos iban vestidos con túnicas de color azul, a excepción de la mujer, que iba en cabeza con una toga blanca; todos vestían capuchas cubriéndoles la cabeza. Entre la gente que los rodeaba, había toda clase de rumores, muchos iban con botellas y latas llenas de agua. La gente no solía madrugar tanto ni siquiera para conseguir rocío.
-Discúlpeme buen hombre, ¿podría decirme usted a qué se debe todo este alboroto y que tanta gente haya madrugado tanto? –le preguntó Jeriek a un hombre que estaba en el exterior del círculo de congregación.
-¡Shhh!
Fue la única respuesta que obtuvo por parte de aquel hombre y del resto a los que preguntó. Mas al cabo de un breve rato, recibió su respuesta, pero a través de la boca que menos esperaba recibirla.
-Hermanos, nuestra sociedad ha escuchado las predicciones de los nuestros durante muchos años, pero lo único que ha hecho ha sido ignorarnos y tomarnos por locos y estafadores. Sin embargo, nuestras predicciones han comenzado a cumplirse –debido a las capuchas, nadie podría asegurar a ciencia cierta quien lo dijo, pero Jeriek aseguraría que fue la mujer, pues la voz era muy aguda, y además había que tener en cuenta que ésta iría en la cabeza del grupo por alguna razón.
La mayoría de la gente no pudo evitar realizar reverencias y alabanzas. Algunos incluso se arrodillaron antes aquellos adivinos. Hubo unos pocos que tras refunfuñar un rato se dieron la vuelta Pero Jer no podía. Era incapaz y testarudo como una mula. No iba en su naturaleza aceptar cosas que le llevasen la contraria y era un completo revolucionario.
-¡Pero es imposible! ¡Tiene que haber sido una casualidad! ¡Es imposible ver el futuro!
El hombre de la derecha alzó el brazo pero con la mano como muerta. Echó con brusquedad la cabeza hacia atrás como si estuviera en trance y su brazo se dirigió como poseída hacia él. De repente, la mano se alzó y le señaló.
-Detecto interferencias. Ese hombre puede impedir que el futuro próspero llegue.
Era curioso, al menos eso pensó Jer. Eran unas palabras completamente simples que podría haber dicho cualquiera, pero que al haberlas acompañado con aquellos gestos, engañarían aún más de lo que engañaría por si sola aquella lengua bífida. Cientos de personas clavaron en el sus miradas llenas de furia, y los más maniáticos se abalanzaron sobre él.
Jeriek se encontró solo en un mar de chiflados. Los fanáticos le golpearon y patearon con furia, y aunque él se defendía, un hombre por si sólo no puede detener el ciclo de las mareas. Al cabo de unos diez minutos, ya estaba inconsciente y tirado en el suelo. Cuando despertó, estaba tirado en un habitáculo pétreo y cerrado, con forma cuadrangular. No había más puertas que un círculo en el que para pasar se tendría que agachar y tenía algunas verjas oxidadas que le impedían escapar.
Habían pasado ya dos años. De vez en cuando, le llevaban a la celda algo de comida, muy poca, pero la suficiente para subsistir. Tras dos años encerrado, estaba completamente loco. Al cabo de las tres semanas, ya desconocía el significado de la palabra cordura, y una semana más tarde, había comenzado a intentar abrir un agujero en la pared con la uña, rompiéndosela y desgastándosela en más de una ocasión. Sin embargo; la pared, que era relativamente fina, ya había caído, y como el agujero había dado la casualidad que era el punto de apoyo de una pared, ésta se derrumbó.
Con un inmenso esfuerzo salió por allí. Estaba en los huesos, pero tuvo que atravesar los escombros que le estorbaban. Como suponía, la noche perpetua continuaba. Pero también observó que la gente perseguía a los adivinos por sus mentiras. Volvió a donde había estado su hogar, pero ya no había absolutamente nada. Sin embargo, sintió algo encima de él que le molestaba. Alzó la vista. Apenas había personas cerca, pero las pocas que estaban, le miraron. Todos estaban desconcertados. Era algo completamente nuevo para todos. En las nubes, a través de un agujero, se filtraba algo completamente nuevo para toda aquella generación. A través de las nubes, se filtraba un rayo, un rayo de luz.
Año 2342 después de Cristo, año diecinueve de la Edad Renacentista. Tras casi dos siglos de oscuridad, la luz del sol ha vuelto a enfocar al Planeta Azul. Bajo el mando de Jeriek I, el Libertador y Neopresidente, la humanidad ha vuelto a comenzar de cero, sin apenas tecnología y ciencia alguna, pero con el mando de una persona, que aunque testaruda, también firme y sensata dispuesta a evitar los errores que cometieron sus antecesores.

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